Otra de Lobizones

Otra de Lobizones

Otra de Lobizones

Otra vez gracias al Pistola. Se recomienda leer el preámbulo de la historia Una de Lobizones.

Este era un peón rural muy pobre, que ni caballo tenía. Resulta que empezó a trabajar en una estancia. Trabajó la primera semana de sol a sol y llegó el viernes. Cualquier peón que se precie de tal, cuando llega el viernes le entran unas ganas descontroladas de ir al pueblo, a tomar por lo menos unas cañas. Y este no fue la excepción. Llega el viernes y ya tenía una comezón en todo el cuerpo, y quería arrancar pa’l pueblo, pero el pueblo estaba lejos… Lejos…..
Y el tipo no tenía caballo, y no iba a caminar 10 leguas después de haber trabajado todo el día. Llegó la tardecita, se vistió decidido a salirle igual a pie, y al salir del rancho, ve estacionado un caballo contra un sauce, muy lindo el caballo , y como que le decía, sin hablar, llevame. Pero era caballo del dueño de la estancia, y sin permiso no lo iba a agarrar, y el caballo como que le decía, sin hablar, que igual el patrón no se iba a enterar. Entonces tomó la decisión, entró al rancho, agarró un recado viejo que tenía por ahí, ensilló y partió pal pueblo, guiado por la luz de la luna. Un lujo aquel pingo, en un ratito estaba en el boliche, meta caña y truco. Le pasaron las horas, y ya antes del amanecer medio mamau, se decidió a partir, porque tenía que llevar al caballo antes que se levantara el patrón.

Salió del boliche, enfiló para donde había dejado el caballo y nada, ni señales. Buscó al animal extrañado porque mire que se había agarrado peludos en su vida, pero nunca se había olvidado de donde había atado al caballo. Como tenía que volver, volvió nomás a pie, que casi dos horas le llevó el viaje, pensando en qué le iba a decir al patrón, que si se enteraba lo del caballo lo echaba. Llegó y se metió en el rancho a pensar, pero como estaba cansado se quedó dormido. Al poco rato golpean la puerta, se despierta y va y abre esperando lo peor. Del otro lado de la puerta, un niño. Tenía en sus manos el recado viejo que el peon reconoció en seguida.

El gaucho increpante le pregunta: “digame, que precisa?”

Y el niño le contesta medio avergonzado:

“Manda decir papá, que disculpe, que anoche no lo pudo esperar, porque mamá lo precisaba temprano para hacer mandados”.
—Fin

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