El loro está curado

El loro de Repleto Perplejo

El loro de Repleto Perplejo

Esta historia tiene bastante de real, por increible que parezca.

En muchas casas hay una mascota, y  la casa de Repleto Perplejo  no fue la excepción.Repleto siempre andaba juntando bichos de por ahí, y les daba buena atención. Era muy cariñoso con el bicherío menudo, aunque un poco bruto pal juego. Una vuelta le tiró un palo al Rayo, un perro que tenía, y se lo tiró tan lejos que el perro volvió a las dos semanas, maltrecho, con un hambre bárbaro, pero eso si , con el palo en la boca.

Resultó ser que un día apareció en su casa, no me acuerdo como, un loro.Encantado estaba Repleto con aquel loro, que lo enseñaba a hablar, pero el loro tenía muy mala memoria, y se le olvidaba de lo que tenía que repetir al ratito. Pero igual muy compañero el loro, cuando Perplejo tomaba mate, se le acercaba para pedirle galletas, pero como no se acordaba como se llamaban las galletas le mandaba cualquier cosa, “prrr, máquina de coser, prr”, o “tranvía prrr”, y Repleto quedaba perplejo, y medio abombau no se daba cuenta que el loro estaba parado al lado del paquete de galletas.

El loro tenía costumbre de salir a dar una vuelta por el barrio, todas las tardes, y como Repleto le tenía confianza, lo dejaba nomás, que después volvía sólo. Una tarde como muchas, el loro salió a por la puerta de la jaula abierta. Al ver que demoraba en volver a tomar la leche, Repleto se extrañó, pero no lo salió a buscar porque pensó que se había olvidado de la hora a la que tenía que volver.

Al rato lo ve venir al loro de lejos, medio raro lo vio. Ya en una inspección más de cerca, notó que tenía una herida en la pancita, tal vez un chumbazo, o una pedrada, y de inmediato se dispuso a curarlo. Con mucho cuidado le sacó las plumas de alrededor de la herida y le puso una curita. Contento con su obra de bien, lo mira al rato y ve que el loro se intentaba sacar la curita con la pata. Le pegó de nuevo la curita y volvió al rato, y el loro de vuelta, enganchaba la curita con las uñas y se la sacaba. Así que Repleto Perplejo tomó la decisión: alicate en mano se dispuso a cortarle las uñas al loro, para que no se sacara la curita. En un santiamén le cortó las tres uñas al loro, que abrió los ojos grandes como asustado. Súbito, tres chorros de sangre salieron de cada una de las uñas cortadas. Repleto desesperado intentó cortar los chorros pero no podía. Cada latido del corazón del loro bombeaba tres chijetes de sangre, y el pobre loro iba quedando como chupado. En un solo grito agarró al loro con una mano que casi le quiebra todos los huesos, prendió la hornalla con la otra mano e intentó cauterizar las heridas con la llama de la hornalla.  Terrible idea, la sangre empezó a parar, pero el loro le agarró fuego por las plumas de la cola, y largaba un olor a quemado tremendo. Repleto perplejo, en una crisis de desesperación, metió al loro en un balde con agua, para apagarlo, pero el agua tenía hipoclorito, y el loro no podía creer. Blanco pálido lo sacó, y cuando lo quiso secar con una toalla, el loro no pudo más y le dijo:

-”Oiga don Repleto, espere un momentito, no me ayude más, que yo me voy a curar solo, casi me mata”  y Repleto sin más lo dejó y se agachó en un rincón, a analizar lo que había pasado y se sintió realmente compungido.

…….

Cosa de mandinga todavía anda el loro, blanco pálido, con las plumas de la cola chamuscadas, las uñas de una pata que no se puede agarrar ni de un palo y desconfiado que cuando lo ve a su dueño se mete solito pa’dentro de la jaula.

–Fin

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